RELATO DEL EXILIO DE UN PATRIOTA

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Cuento Relato del Exilio de un Patriota

Cinco días consecutivos, por la mañana, me acerqué al consulado norteamericano sin ningún éxito. Las tres primeras veces, la magnitud de la fila hacía inalcanzable la puerta de ingreso. Y cuando logré llegar, me informaron que no podían realizarme los trámites por falta de tinta y papel, ¡Sí, por falta de tinta y papel!

Era innumerable la cantidad de compatriotas que, sin esperanza, optaban por “echar vuelo”. Los dos días restantes, de ese quinteto de jornadas, me encontré con el mismo cartel: CERRADO POR ASUNCIÓN PRESIDENCIAL.

¡Sí! En mi país ocurrieron esas cosas: cinco presidentes en una semana. No alcanzaban a colgar el saco que ya venía otro. Y yo los veía pasar…Circulaban más rápido que patacón en una economía desbastada.

La crisis de 2001 me dejó imágenes que hacían duelo. El deseo de ver concluir tanta miseria y pobreza se iba apagando con el roce de lo imposible: en una Plaza de Mayo donde se intercambiaron escarapelas, se intercambiaban balazos; el granero del mundo no era capaz de alimentar ni un alfil; el trueque copó los clubes de barrio y papeles verdes, de ningún valor, sustituyeron los carnets de socio vitalicio; el debate de las reuniones familiares parecía un “call center” de exilio turísticos, – “¿Hacia dónde disparamos?”

Siempre amé mi patria, siempre… Pero la desilusión de esos meses me quitó el recuerdo de su mejor beso… Confieso, no quise verla nunca más…
Sentí su engaño en el golpe de cada cacerola, en el estado de sitio que me sitiaba el cuerpo y el alma, en el saqueo de las fuerzas, y en el rostro de mi padre cuando no encontró forma de aletargar mi partida.

Por eso partí, me fui para olvidarla. Tomé un avión deseando contradecir las palabras de algún poeta: “Siempre se vuelve al primer amor”.
A bordo del avión canjeé con otra pasajera el asiento. No quería, bajo ningún punto de vista, tener acceso a la ventanilla: el cielo, el sol y las nubes también son argentinas. ¿Quién sabía si en ese cruce, la patria me jugaba una mala pasada y me seducía?

La llegada al destino fue tan fría como la noticia de los más de 30 muertos, por la represión del último Diciembre; la bienvenida fue tan ausente como el plato de comida en las mesas argentinas; y esa ciudad fue más ajena de lo que mi cultura podía soportar.

¡No me importó! Comencé lavando copas de restoranes sin propinas de vida, pude ahorrar, proyectarme y conocer… Pero allí NO ME RECONOCÍA.

Los llamados a la familia eran detonantes en el pecho y silencios que aturdían. Y comprendí que mi PATRIA no me había echado, que eran los apropiadores del deseo los que habían deteriorado mis fuerzas, mi vida… Las nuestras, las de quienes yéndonos o quedándonos vivíamos una tiranía.

Sufrí el desencuentro con el idioma, la dificultad de hacerme entender mediante las pupilas. Mi alma fue entumecida por otra bandera, y mientras algunos soñaban “la América” … Organizado en el anhelo del abrazo con lo propio, yo refundaba Argentina.

Un año fue suficiente, fue demasiado, fue eternidad y contundente lejanía. Decidido volví. Todo lo vivido fue constancia firme para entenderme vivo en lo peor. Y tuve que darle la razón al poeta: comprendí todos los amores y la irrenunciable esperanza, que el primer amor contenía.

Malvina Nomeolvide

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