ARGENTINA CAMPEÓN DE AMÉRICA Y PANDEMIA: UNA CAPRICHOSA ANALOGÍA

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Quien avisa, no traiciona. Desde el título, esta editorial anuncia que lo que se leerá en los siguientes párrafos constituye una caprichosa analogía. El “maracanazo” que pegó la Selección Argentina de fútbol masculino, hace algunas horas, nos autoriza la licencia.

Editorial Trazo Popular

La Argentina, capitaneada por Lionel Messi, triunfó sobre el histórico rival: Brasil, en sus tierras. Con un golazo del “fideo” Di María, el seleccionado obtuvo su 15° Copa América: ahora comparte el podio con Uruguay y se despide de 28 largos años sin levantar el trofeo.

LA FIESTA INEVITABLE

El fútbol no es fútbol sin la Argentina, y la Argentina no es ella sin fútbol. En el verde césped hemos tratado de aliviar los dolores más grandes que hemos sufrido como pueblo: el antaño triunfo frente a Inglaterra, consumó el impedido abrazo con los héroes y heroínas de Malvinas.

Ni la noche pudo socavar que pintemos un cielo con luz de día, en cada rincón del país: todo fue celeste y blanco. Después de mucho tiempo, las calles se coparon de banderas y pancartas que obviaron mensajes de odio, cosiendo toda grieta.

Por un momento volvimos a ser las y los mejores. Y los 5 minutos de alargue que casi cuestionan el triunfo, desnudaron la sensación de eternidad que concluyó cuando Esteban Ostojich piteó el final: ¡el país se vistió de fiesta!

CAPRICHOSA(S) ANALOGÍA(S)

Traer la Copa América al suelo argentino es, en este contexto, más que un triunfo futbolero. La Argentina (y el mundo entero) transita el segundo año de una pandemia que ha descolocado las bolsas financieras, las economías regionales y mundiales, y ha puesto en debate la importancia del Estado, en tiempos de emergencia.

Sólo unas horas previas al merecido triunfo argentino, el sitio Our World in Data de la Universidad de Oxford confirmaba que nuestro país lideró el ranking mundial de vacunación en la última semana, superando a países como Italia, Francia, China y Alemania. Otra vez: las y los mejores, por un momento.

Si hay algo que ha caracterizado el juego del seleccionado es la solidaridad: ¿cuántos pases mágicos de Lio han sido gol desde el pie de sus compañeros, pudiendo haber sido él el autor? ¿cuántas horas de su vida ha destinado el personal de salud para gambetear este virus y salvar la vida de millones de argentinos y argentinas?

La concentración de los futbolistas, autores del triunfo, los mantuvo encerrados por más de 50 días. El “Dibu” Martinez no presenció el nacimiento de su hija (nacida el 3 de julio), por un interés colectivo: amurallar su arco, y traer la Copa. Es el interés colectivo de superar este amargo momento, el que nos hizo soportar el aislamiento sin abrazos ni besos ¿cuántos nacimientos nos perdimos y cuántas despedidas suspendimos por cuidar a las y los nuestros?

Capítulo, siempre a parte, para el periodismo: cantidades enormes de tinta para defenestrar el esfuerzo colectivo de un conjunto de jugadores que puso, hasta lo que no tenía para desahogarse de tantas finales sin alegría. Horas y horas de cámara para reducir verdaderos objetivos comunes a mezquinos intereses individuales.

Las mismas horas de cámara y derrame de tinta para cuestionar todas las medidas sanitarias; repudiar el único modo de salir de la pandemia: las vacunas; poner en tela de juicio el trabajo de infectólgos/as y científicos/as. Y lo mismo: mezquinos intereses individuales por sobre objetivos comunes y colectivos.

RECOMENDAMOS SU PRÁCTICA CON TODO CALOR

“Este juego, señores, no es una escuela de vida, ni una filosofía, ni una cosmovisión, como pretenden hoy en día los deportistas presuntuosos. Pero el solo hecho de aprender a cinchar por un fin común y sacar la cara por el compañero basta para recomendar su práctica con todo calor”, afirma el Negro Dolina.

En estos párrafos encontramos la síntesis de nuestra patria futbolera. El juego, la reunión, el compañerismo y la pelota son capaces de explicar nuestra identidad nacional, social y solidaria. Siempre, somos equipo. ¡Y ésta no es una analogía caprichosa!

“Un fin común” y “sacar la cara por el compañero”, así se ha desenvuelto pueblo y selección para jugar sus respectivos partidos. Y, a pesar de todo, los resultados nos encuentran orgullosos y orgullosas:

  • La Copa América está en casa
  • Las vacunas aterrizan a diario en el país, haciendo posible que más de 24 millones de personas hayan recibido, al menos, una dosis.
  • Los jugadores, triunfales, abrazan a sus familiares, amigos y amigas
  • El pueblo se abrazó en cada rincón de la patria, con menos restricciones que antes

Las analogías, como anticipamos, pueden ser caprichosas. Pero su capacidad de describirnos las sensaciones nos da derecho a celebrarlas y exponerlas. Las circunstancias en las que se dio el triunfo argentino, en medio de esta pandemia, nos autorizan. Por un momento volvimos a ser las mejores y los mejores, todos y todas: los y las que aquí estamos, y los y las compatriotas que nos arrebató la pandemia.

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